Psicólogo Sevilla

Gemini_Generated_Image_emojsaemojsaemoj (1)

¿Qué es el síndrome del impostor?

Aunque tengas formación, experiencia o logros claros, muchas personas viven con la sensación de que, en cualquier momento, serán “descubiertas” como un fraude.

Eso es el síndrome del impostor. No es un trastorno, sino una forma de vivirse que dificulta aceptar tus logros y tu propio valor.

En consulta, suele venir acompañado de autoexigencia elevada.

No te permites fallar. Los aciertos se atribuyen a la suerte. Los errores se sienten como prueba de incapacidad.

El ciclo es constante:

• Algo sale bien → “Ha sido suerte”.

• Algo falla → “Soy un fraude”.

Y aunque tengas éxito, por dentro te sientes insuficiente.

Lo que hay debajo: inseguridad y creencia de insuficiencia

Detrás de esa sensación hay una creencia profunda de insuficiencia y mucha inseguridad.

Se suele formar desde la infancia, con la manera en que fuimos cuidados, los mensajes que recibimos sobre nuestro valor y la imagen que fuimos construyendo de nosotros mismos.

Con el tiempo, surge una etiqueta interna que nos acompaña: “no soy suficiente”.

La buena noticia es que esa creencia se puede trabajar. En consulta puedes aprender a reconocer tu valor, validarte y desmontar esa voz interna que te invalida.

Señales que pasan desapercibidas

El síndrome del impostor no siempre se ve desde fuera.

Muchos logran el éxito, pero por dentro se sienten agotados y con dudas constantes.

Algunas señales frecuentes:

• Perfeccionismo extremo: nada es suficiente, todo podría ser mejor.

• Exceso de trabajo: horas de más, no por disfrute, sino para compensar la sensación de “no llegar”.

• Miedo al juicio: ansiedad por lo que los demás piensan o por no cumplir expectativas.

Cómo se trabaja en terapia

No se trata solo de “pensar positivo”.

Se trata de entender de dónde viene esa necesidad de validación y por qué es tan difícil reconocerte como suficiente.

En terapia puedes:

• Identificar y desmontar creencias que te limitan.

• Aprender a recibir elogios sin cuestionarlos.

• Cambiar la mirada sobre el error: de amenaza a aprendizaje.

El objetivo es que dejes de cuestionarte cada logro. Porque el problema no es que no seas suficiente; es que aprendiste a no creértelo.