
No me reconozco: me siento perdido y no sé quién soy
Es una frase que escucho a menudo en consulta. Cambia según quien la dice, pero transmite lo mismo: vivir en piloto automático. Como si tu vida avanzara, las decisiones se tomaran solas, los días pasaran… y tú no terminaras de conectar del todo contigo mismo.
Si te reconoces en estas palabras, quiero que sepas algo: no estás exagerando. Y no eres la única persona a la que le pasa que siente que lleva una vida en automático.
Cuando algo cambia… y todavía no lo has integrado
Hay situaciones que desde fuera parecen normales, incluso esperadas; pero por dentro cuestionan algo profundo: ¿quién eres ahora que todo está cambiando? ¿Qué partes de ti piden ser escuchadas? ¿Cuáles toca ir soltando para poder avanzar?
Esta sensación suele aparecer después de cambios que remueven tu idea de ti mismo: terminar la carrera e iniciar el mundo laboral, una mudanza, el final de una relación, la maternidad… y estos son solo algunos de los tantos cambios que pueden darse en la vida.
No hace falta un gran trauma; a veces basta con llevar tiempo adaptándote y exigirte de más, y cuando esto se aguanta demasiado tiempo aparece la sensación de sentirte raro o extraño contigo mismo.
Cuando no hay espacio para hacerse estas preguntas, la desconexión aparece casi sin darte cuenta.
No estás roto: estás desconectado
Sentirse perdido no significa que haya algo defectuoso en ti. A veces es una señal de saturación emocional: llevas tiempo respondiendo a lo que se espera, sosteniendo mucho, y en algún momento has dejado de escucharte. Es un efecto de vivir en automático.
También tiene que ver con cómo te colocas en el mundo: priorizar siempre al otro, cumplir con lo que toca, ser quien se espera que seas.
Esto puede vivirse como:
- Vacío aunque “todo esté bien”.
- No saber qué quieres realmente.
- La sensación persistente de estar un poco fuera de ti.
El problema no es que no tengas identidad, sino que has perdido contacto contigo.
Cómo trabajamos esto en terapia
No te diré quién eres, pero sí puedo acompañarte a:
- Entender qué ha generado esta desconexión.
- Reconocer qué partes de ti han quedado en segundo plano y cuáles necesitas soltar para avanzar.
- Descubrir qué necesitas hoy para sentirte tú.
- Aprender a escucharte con menos exigencia y menos juicio.
- Apagar ese botón de «automático»
Cuándo pedir ayuda
Si esta sensación es persistente y te genera malestar, ya es motivo suficiente para pedir apoyo. No necesitas tenerlo todo claro para empezar, basta con poder decir en voz alta:
“No me reconozco… y no sé quién soy.”
Podemos empezar desde ahí.